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Encuesta Procrastinación

  1. Cuando      tengo una tarea pendiente que no despierta demasiado mi interés…
    1. ¡A       por ella! Así me la quito de encima lo antes posible.
    2. Frecuentemente       no la resuelvo pues dejo pasar los días sin hacer nada.
    3. Dejo       pasar más tiempo del que quisiera para ponerme con ella.
  2. Habitualmente      cuando tengo asuntos engorrosos que resolver…
    1. Me       los acaban resolviendo terceras personas.
    2. Los       hago frente en primera persona.
    3. Me       hago el remolón por si alguien me los resuelve y si eso no ocurre los       resuelvo yo.
  3. Cuando      veo e-mails pendientes en la bandeja de entrada de mi correo…
    1. Ahí       se quedan hasta que encuentre el momento de atenderlos.
    2. Reconozco       que están ahí más tiempo del que me gustaría.
    3. Me       “pican” por lo que me los quito de encima lo antes posible.
  4. Debo      dar una respuesta que sé que no va a gustar, por lo que me resulta      incómodo hacerlo…
    1. Cuánto       antes lo haga antes me quito “el marrón de encima”.
    2. A       veces, tengo problemas por no haber dado dicha respuesta.
    3. Dejo       pasar algunos días hasta que al final me decido.
  5. Tenía      pensado enviar una carta…
    1. …y       la envié en el día que me propuse.
    2. …pero       al final no la envié, ya que no tenía sentido después de tanto tiempo       como ha pasado.
    3. …y       la envié en la semana que me la propuse.
  6. Cuando      quiero quedar con alguien que hace tiempo que no veo…
    1. Quedo       bastante después de lo previsto.
    2. Fijo       el día lo antes posible.
    3. No       encuentro el momento por lo que mis llamadas siempre acaban con el “esta       vez tenemos que vernos pronto”.
  7. Habitualmente,      cuando alguien tiene que realizar un trabajo conmigo…
    1. Se       queja de que le entorpezco pues dejo pasar mucho tiempo hasta hacer mi       parte.
    2. Me       tienen que dar algún toque que otro para que haga mi parte.
    3. Cumplo       mis plazos respecto a la realización de las tareas que me corresponden.
  8. Si      una tarea me causa mucha ansiedad por el miedo de hacerlo mal…
    1. Me       pongo con ello teniendo en cuenta una fecha de finalización.
    2. Lo       acabo un poco pasado de plazo, ya que le doy demasiadas vueltas para       hacerlo bien.
    3. Tengo       problemas por finalizarlo tan tarde, ya que ¡nunca está lo       suficientemente perfecto!.
  9. Mis      problemas…
    1. Me       cuesta afrontarlos personalmente, pero al final me pongo con ellos.
    2. Son       asunto mío y soy yo quien debe tomar cartas en el asunto.
    3. Se       hacen más grandes porque no tomo cartas en el asunto.
  10. Tengo      que pedir cita en el médico para una revisión…
    1. A       veces lo hago hasta dos meses más tarde.
    2. Lo       hago a lo largo de ese mes.
    3. Intento       hacerlo en esta semana.
  11. Cuando      debo comprar un regalo…
    1. Me       pilla el toro y en más de una ocasión lo he hecho el día antes o incluso       en el mismo día.
    2. Lo       hago con tiempo suficiente, hasta un mes antes.
    3. Lo       hago una semana antes más o menos/li>
  12. Quiero      aprender un idioma / u otra actividad…
    1. Llevo       esperando un año o más para ello.
    2. Este       mes me apunto como sea.
    3. Llevo       esperando seis meses o más para ello.

0-8 puntos – ¡Cuanto antes mejor!

Tu forma de afrontar los problemas es buena, ya que tomas cartas en el asunto cuánto antes. Este hecho puede ahorrarte muchas molestias. Sin embargo, ten cuidado; no conviertas esta actitud positiva en un error haciéndolos demasiado rápido o angustiándote por ser muy perfeccionista. Sin necesidad de postergar, recuerda también que algunas cosas llevan su tiempo.

8-16 puntos – Ahora voy… espera un poquito más

No queremos agobiarte, pero recuerda que si tú no tomas cartas en el asunto, las cosas que dependan de ti no se van a resolver solas. Sin caer en la angustia, intenta organizarte no dejando pasar demasiado tiempo en resolver los asuntos pendientes. Ponerte unos días límite te ayudará a conseguirlo.

16-24 puntos – Hoy no es el día, ni mañana ni al otro

¿A estas alturas no te has dado cuenta de que “las ganas no vienen solas”? Si tú no te pones en marcha nunca sentirás que es el momento de hacerlo. Empieza a hacer las cosas pendientes, el hecho de hacerlo te reforzará a seguir haciéndolo. De lo contrario, tus problemas no serán los problemas en sí, sino el hecho de no haberte puesto con ellos. .

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Como combatir la Procrastinación en 2 pasos

Esto no es una fórmula mágica (eso no existe) pero en los últimos años he visto que, al menos en mi caso, me ha dado un gran resultado. Y es que ya no pospongo las cosas (tanto) como antes. Todo se basa en esta premisa: procrastinamos porque nos distraemos.

Si veo que hay alguna tarea o tareas que sistemáticamente se me resisten, echo mano del viernes para desatascar esas tareas. Pero cuando tengo que enfrentarme a la procrastinación del día a día (que a la larga hace más daño), utilizo estos dos pasos.

Estoy ante una tarea que tengo que hacer. Pero es grande, tediosa, exigente o no me veo con ganas. Es, en ese momento, cuando empiezan las excusas interiores para no hacerlo. Y es, justo en ese momento, donde nuestra atención busca cualquier cosa alrededor. Como haya una mínima distracción a la vista, las posibilidades de posponer esa tarea se disparan.

Primer paso: quédate a solas con esa tarea

Procrastinamos porque tenemos a la vista (o buscamos) algo más atractivo, fácil, divertido y tentador. Si ANTES quitas todas las distracciones de en medio te quedarás a solas con lo que tienes que hacer. Esto aumenta las posibilidades de encontrar motivos para hacer la tarea. Porque cuando uno está distraído, no hay motivos, ya que la atención viaja hacia otro sitio.

Sitios como el Email, una página web, una notificación en el móvil, cambiar la música que estamos escuchando… cualquier cosa (especialmente digital) minúscula servirá para alejarnos de la tarea.

Las ganas o los motivos para empezar algo sólo aparecen cuando centras tu atención ahí.

Segundo paso: concéntrate en el primer gesto

Ya estoy aquí, mirando fijamente a la tarea. ¿Y ahora qué? Porque eso no elimina su dificultad, pesadez o extensión. Ahí es cuando yo recurro al gesto clásico frente a la procrastinación: fijarme únicamente en lo primero que tengo que hacer. De 100 veces que supero la procrastinación, 90 lo hago después de descomponer la tarea en pequeños pasos y mirar fijamente al primero. Sólo al primero.

Al fijarte sólo en el primer paso consigues romper la resistencia inicial, te das cuenta que no es para tanto y, sencillamente empiezas, que es lo único que necesitas para eliminar la posibilidad de retrasar esa tarea.

Procrastinación

En esta primera parte del blog, vamos a investigar un poco acerca de la procrastinación; qué es y cómo la tratan diversos autores, procedimientos de medición de la procrastinación, niveles de incidencia de la población, en especial la población universitaria y el desarrollo de la observación para registrar la procrastinación.

En primer lugar definimos el término según algunos diccionarios.

  • Según la RAE la procrastinación es la acción de procrastinar y procrastinar (etimológicamente pro = a favor de y crastinare = relativo al día de mañana) por lo que significa literalmente posponer, diferir, aplazar o dejar para mañana (García, 2008; Steel, 2011)

  • Según el Oxford dictionary: “the action of delaying or postponing something” traducción literal: la acción de retardar o posponer algo.

Posteriormente encontramos otras definiciones que consideramos más completas, por ejemplo, cierto grupo de expertos en el tema (Ferrari, et al.) , definen el término como “la postergación en el inicio o conclusión de una actividad específica, mediante la realización de una actividad innecesaria o menos importante, acompañada de un estado de ansiedad.” Una vez definido el término, podemos diferenciarlo con precisión de una postergación de alguna actividad por razones legítimas (Neenan, 2008); también se ha propuesto distinguir la procrastinación de la simple holgazanería o pereza, ya que la procrastinación implica la realización de cualquier otra actividad.

Una de las primeras definiciones de procrastinación académica fue propuesta por Rothblum, Solomon y Murakami (1986): “La conducta de casi siempre o siempre postergar el inicio o conclusión de las tareas académicas y casi siempre o siempre sentir ansiedad ansiedad asociada a esa postergación”. Esta definición sigue vigente.

La extensión que abarca la procrastinación académica se “reduce” a todo el globo. Diversos estudios, en su mayoría norteamericanos indican que como mínimo el 95% de los estudiantes universitarios procrastina en mayor o menor medida; el 50% lo hace de manera sistemática (Solomon y Rothblum, 1984; Day et al. 2000). Evidentemente, el viejo continente no se salva, los estudios de Díaz-Morales et al., (2006) muestran el nivel de incidencia de la población española, Senecal et al., (1995) la incidencia franco-canadiense, por ejemplo.

Las consecuencias más comunes de la procrastinación académica son las bajas calificaciones, el ausentismo a clase o una tasa de deserción más alta (en comparación con aquellos que sólo procrastinan esporádicamente (Ferrari et al. 1995). Ciertos estudios, indican que los “procrastinadores” soportan más estrés e incluso enferman con mayor frecuencia (Tice y Baumeister, 1997). En general, las consecuencias emocionales suelen estar asociadas a la inadecuación personal; autodesprecio , vergüenza, culpa e incluso depresión (Neenan, 2008; García, 2009)

No se puede hablar de causas propiamente dichas en el terreno de investigación del comportamiento, entre la comunidad de investigadores los términos más usados o aceptados serían “factores relacionados”, “asociación de variables” entre otros (Kerlinger y Lee, 2000; García, 2010). Ha habido varias corrientes o varias líneas de investigación con el objetivo de encontrar los factores que contribuyen a que una persona procrastine; las teorías psicoanalíticas (MacIntyre, 1964), conductistas (Bijou et al., 1976) y cognitivo-conductuales (Ellis y Knaus, 1977). Las líneas de investigación más novedosas son los estudios de personalidad, genético-biológicos, nuevos enfoques conductistas y estudios neuropsicológicos.

Los estudios genético-biológicos realizados por Arvey y colaboradores estaban centrados en gemelos monocigóticos y dicigóticos (gemelos y mellizos respectivamente), criados en las mismas familias y de los que obtuvieron una correlación de 0.13 para los mellizos y 0.24 para los gemelos; por lo que concluyeron que un 22% -aprox.- de debía a factores genéticos. Los estudios de Elliot, midieron la estabilidad de la procrastinación en pruebas de tipo test-retest, con un lapso de 10 años entre las mediciones, en las que obtuvo una correlación de 0.77. Este tipo de estudios demuestra claramente el componente genético directo pero los factores sociales, interpersonales educativos, etc., tienen una contribución evidenciablemente mayor.

Los estudios neuropsicológicos de Hosseini y Khayyer (2009) fueron llevados a cabo para determinar hasta qué punto, el pensar sobre lo que se piensa (metacognición), puede predecir la procrastinación académica. Concluyeron que el pensar sobre la posibilidad de sufrir daño e incontrolabilidad de los hechos y la baja autoconsciencia cognitiva, predicen aceptablemente la futura procrastinación por parte de los estudiantes. A conclusiones similares llegaron Rabin y colaboradores (2011). En el estudio neuropsicológico, se midieron variables de iniciación, inhibición, planeación entre otras y concluyeron que las alteraciones en los componentes de algunas funciones cerebrales ejecutivas son predictores muy significativos de procrastinación académica.

Estos estudios han identificado cómo se desarrollan los procesos de atención, pensamiento, juicio y creencias asociados a el hecho de procrastinar. Se prueba que el sujeto no es pasivo, si no que es un procesador activo de información que puede modificar procesos de pensamiento para modificar su conducta (Ozer et al., 2013).

Los estudios acerca de la implicación de la personalidad han concluido que la procrastinación tiene una relación negativa con la responsabilidad y la autoeficacia, es decir, las personas más meticulosas o perfeccionistas tienen menos tendencia a procrastinar. En este análisis se estudio la correlación entre la procrastinación y ciertas variables de personalidad, motivación, emociones y desempeño. La relación entre la procrastinación y la responsabilidad es negativa (-0.63) y la relación positiva más alta fue la del autosabotaje (Van Eerde, 2003). Steel (2007) amplió las observaciones de Van Eerde, ya que llevó a cabo un estudio de las diferentes facetas de las variables de personalidad de la teoría de los cinco grandes rasgos de personalidad: apertura a nuevas experiencias, responsabilidad, extraversión, amabilidad y neuroticismo. Este estudio reveló que la procrastinación tiene poca correlación con la apertura a nuevas experiencias, extraversicón, amabilidad y neuroticismo. Los factores positivos con los factores de correlación más altos y predictivos son la aversión a las tareas y la impulsividad. La correlación negativa más importante fue otra vez la relación entre procrastinación y responsabilidad, con sus facetas de autocontrol, distraccionabilidad, organización y motivación para el logro. Estos estudios demuestran que la procrastinación tiene relación directa con la personalidad, y si aceptamos que ésta es el resultado de la combinación de factores genético-biológicos y ambientales (Steel, 2011), se llega a la conclusión de que la procrastinación es difícil de cambiar, pero no imposible (Ozer et al., 2013).

Esta relación procrastinación-personalidad ha abierto más líneas de investigación, como es el caso de los estudios de la psicología conductual. Estos estudios, previo a llevarlos a cabo en humanos, fueron realizados en animales de laboratorio como pichones, ratones o chimpancés. Estos estudios demuestran que la conducta de procrastinar no es inherente al ser humano; de hecho, los resultados que fueron confirmados en humanos, casi sin diferencias sustanciales. (Ainslie y Monterosso, 2003; Steel, 2011). Los primeros estudios en investigación conductial relacionados con la procrastinación fueron los comportamientos financieros de las personas, de aquí surgieron dos teorías; la teoría de utilidad esperada y la teoría de la extectativa y descuento hiperbólico (Herrnstein, 1970; Steel, 2007,2011). Estas teorías se refieren a que tan apetecible es una determinada opción para un sujeto cuando tiene que tomar una decisión, y la formulación matemática que se obtiene es:

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